LOS DESAFÍOS DE OLLANTA HUMALA
Una vez ganadas las elecciones, el presidente electo Ollanta Humala tendrá que enfrentarse a un escenario político tensionado por las demandas de continuidad y reformas. Continuidad del crecimiento económico experimentado en las últimas décadas, la cual permita ampliar la cobertura de las políticas públicas y generar mayores puestos de trabajo. Reformas para lograr redistribuir la riqueza y aproximarnos al ideal de una comunidad política incluyente. En esta línea coincido con el artículo publicado en el semanario Domingo del diario La República (12/06/11) sobre los puntos no negociables en el próximo gobierno de Humala: impuesto a las sobre-ganancias mineras, recuperación del gas del lote 88 para el abastecimiento interno, lucha contra la corrupción, implementación de nuevos programas sociales, aumento del salario mínimo vital, fortalecimiento del ministerio del ambiente, promoción del rol subsidiario del Estado y respeto a los compromisos democráticos.

La tensión entre continuidad y reforma como signo característico del próximo gobierno se explica por el contexto en el cual Humala llega al poder. A diferencia del llamado “giro a la izquierda” de Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador, Humala no llega al poder en un contexto de crisis económica, sino de bonanza. Esto restringirá los márgenes que el recién elegido presidente tendrá para lograr las reformas que propone.[1] Al no estar debilitado, la presión empresarial tendrá un peso muy importante, del cual Humala no podrá desprenderse tan fácilmente. Por otro lado, tendrá a los sindicatos (entre ellos la CGTP activamente involucrada en la campaña electoral apoyando la candidatura de Humala) y a la población de las regiones menos favorecidas por el crecimiento económico, expectantes frente a las primeras medidas que adopte.
Otro aspecto que no debe dejarse de lado es que existe un importante sector político y económico interesado en el fracaso del gobierno nacionalista. Sectores empresariales y la derecha más recalcitrante presente no solo en los partidos políticos, sino también en los medio de comunicación no escatimarán medios para enfatizar en las debilidades y errores del próximo gobierno. Este sector no dará ninguna tregua a Humala y más bien buscará que se cumpla su propia premisa de que la izquierda es incapaz de gobernar. De esta forma buscará evitar un escenario en que se puedan profundizar determinadas reformas y tener un gobernante más “amistoso” a sus intereses para el período 2016-2021.
Frente a un escenario tan complejo Humala necesitará mucha habilidad política. Desde mi punto de vista eso debe expresarse –entre otros- en la apuesta por consolidar las articulaciones con diferentes actores sociales y políticos, logrando así una concertación básica que viabilice principalmente lo que hemos denominado la “agenda no negociable”. Para ello deberá apoyarse en su grupo de confianza, en donde se encuentran políticos y técnicos con la experiencia suficiente para enfrentar el reto. No se puede perder nuevamente la oportunidad de llevar adelante un gobierno reformista e incluyente.
[1] Expresión de esto son la estrepitosa caída de la Bolsa de Valores de Lima al día siguiente de la elección y las presiones para que el recién presidente elija lo antes posible a su Ministro de Economía.
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